Me siento en la necesidad de escribir aunque no sepa qué o cómo decirlo.
Al sentirte tan vivo, te dan ganas de morir. So happy I could die, como lo pone Lady Gaga. Me resultan fascinantes esos picos emocionales tan dicotómicos, que parecieran darle perspectiva a lo que se viene viviendo, porque pasan un cortometraje de la vida sin necesidad de ver la gran luz cegadora al final del túnel.
Estoy tan inmensamente feliz que puedo ver un océano profundo y oscuro al frente. No sé si esté en un faro, o si sea el mismo faro, pero veo… Y también veo nubes pequeñas en el cielo abierto y cálido; y arena suelta que vuela cerca del suelo, y luz. Luz por doquier, incluso sobre el tan macizo mar.
Creo que nunca voy a olvidar la esencia de una cosa que aprendi en clases hace varias semanas. Las palabras textuales no las recuerdo pero se refieren a los opuestos que habitan en nosotros; tenemos de luz lo que tenemos de oscuridad, aunque no ambos se muestren en el mismo momento. Igual con la belleza y el horror y, muy probablemente, con la vida y la muerte. Mientras más vivimos, quizá más vamos muriendo.